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Embarazo y contracepción

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A través de sus experiencias tempranas, el ser humano va configurando sus actitudes hacia la maternidad y la paternidad, derivada de las vivencias con sus padres. El modelo de relación del niño y la niña con su padre y con su madre se revive cuando, en la edad adulta, se enfrentan al estado de gestación, cuando él o ella también esperan un bebé. La maternidad y la paternidad se aprenden y se van construyendo progresivamente. Cuando la niña y el niño juegan al papá y a la mamá están recreando e internalizando los modelos que observan de su entorno familiar y social que reproducirán con sus propios hijos más adelante.

Indiscutiblemente, maternidad y paternidad están determinadas por los valores culturales, raciales, de clase, y según el momento histórico en que los progenitores se encuentren. Ahora la familia gestante ha de realizar modificaciones en su dinámica interna, algunos cambios afectan a la madre, otros al padre; los dos tienen nuevas emociones. Por supuesto, los sentimientos que se generan en la pareja son ambivalentes: de la alegría y la plenitud a la sorpresa perturbadora, de la esperanza y la seguridad a la angustia y la in-certidumbre sobre el futuro.

La manera como el padre y la madre se dedican al cuidado del bebé cambia, interfiere y modifica la relación de pareja. Es más, es importante tener en cuenta que para algunas parejas la llegada del hijo o la hija puede incluso modificar sus intereses sexuales y movilizar intensamente la vida afectiva.

Al padre le preocupa la forma como asumirá su nuevo papel familiar, la actitud que tomará frente a su compañera, la ‘división’ del afecto entre los dos, la capacidad económica de la pareja para responder en forma adecuada; éstas, entre las múltiples inquietudes y sentimientos que se generan en él. A la madre le preocupan, entre otras cosas, su imagen corporal, si los cambios que está sufriendo agradarán a su compañero, lo que sucederá con la relación erótico-afectiva, si el niño o niña nacerá sano, si logrará éxito en la gestación.

Todas estas preocupaciones generan en la pareja diferentes estados emocionales, por ello debemos estar atentos y promover la participación activa de la pareja para enfrentar aquellas preocupaciones, insistiendo además en que aún cuando el futuro padre no sea protagonista corporal, tiene muchas posibilidades de compartir el proceso y la vivencia con su compañera.

Existen por demás, otras preocupaciones de la vida diaria que pueden generar sentimientos de ansiedad en los futuros padre y madre, relacionadas con la manutención del bebé, con la posibilidad de que contraiga enfermedades y, en últimas, con la responsabilidad que siente la pareja de sostener y crear las condiciones propicias para el desarrollo adecuado de ese nuevo ser. Por ello es recomendable que la pareja haga un control del presupuesto familiar y establecer prioridades.

Cada gestación es única y es especial. En efecto, no se vive igual una gestación deseada y largamente buscada que una que llega en un momento inesperado y cambia los planes de vida. Tampoco es lo mismo vivir la gestación en un ambiente de acogida y amor, disfrutando del apoyo de un compañero y del grupo social y disponiendo de medios de vida, que vivirlo en condiciones económicas desfavorables, sin apoyo familiar, abandonada por la pareja o en momentos de crisis personal, como producto de una violación o en situaciones de guerra, desplazamiento forzoso o en situaciones de inmigración.


¿Qué se puede hacer ante un embarazo no deseado?

La interrupción del embarazo no deseado es una decisión importante y extremadamente difícil de tomar. Lo más recomendable es que la mujer comparta sus preocupaciones con alguien cercano en quien pueda confiar.

De hecho la nueva Ley de Reproducción Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, plantea tres días de reflexión informada.

“La mujer adoptará su decisión tras haber sido informada de todas las prestaciones, ayudas y derechos a los que puede acceder si desea continuar con el embarazo, de las consecuencias médicas, psicológicas y sociales derivadas de la prosecución del embarazo o de la interrupción del mismo, así como de la posibilidad de recibir asesoramiento antes y después de la intervención. La ley dispone un plazo de reflexión de al menos tres días y, además de exigir la claridad y objetividad de la información, impone condiciones para que ésta se ofrezca en un ámbito y de un modo exento de presión para la mujer.

La ley establece además un conjunto de garantías relativas al acceso efectivo a la prestación sanitaria de la interrupción voluntaria del embarazo y a la protección de la intimidad y confidencialidad de las mujeres”.

Según las personas profesionales en psicología minimizar las posibles afecciones psicológicas de un aborto comienza con una decisión consciente, meditada y decidida sobre el aborto.


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